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         <titleStmt>
            <title level="a">La misión de la mujer</title>
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               <resp> Proyecto del Máster MC2L "Prensa en femenino" </resp>
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               <resp> Coordinación </resp>
               <name xml:id="MLI"> Marta López Izquierdo </name>
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            <respStmt>
               <resp>Transcripción</resp>
               <name xml:id="AM">Amélie Moncomble</name>
            </respStmt>
            <respStmt>
               <resp>Edición</resp>
               <name resp="AM">Amélie Moncomble</name>
            </respStmt>
         </titleStmt>
         <publicationStmt>
            <publisher> Biblioteca Nacional, Madrid, para el documento digitalizado</publisher>
            <publisher> Atelier de Romanités Numériques, Laboratoire d'Etudes Romanes (EA 4385),
               Université Paris 8, para la transcripción y la edición en línea </publisher>
            <date> 2025</date>
            <availability status="free">
               <licence target="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/4.0/"> free download,
                  share and adapt of the document, under the following terms: any usage of the
                  document must mention "Prensa en femenino" Project and ARN (Atelier de Romanités
                  Numériques, Université Paris 8) as author and BNE (Biblioteca Nacional, Madrid) as
                  repository. </licence>
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         </publicationStmt>
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               <monogr>
                  <author xml:id="AG">Angela Grassi</author>
                  <title level="a">La misión de la mujer</title>
                  <title level="j" type="main">La Mujer</title>
                  <title level="j" type="sub"/>
                  <idno type="ISSN">1698-0417</idno>
                  <imprint>
                     <pubPlace>Madrid</pubPlace>
                     <publisher resp="AG">Angela Grassi</publisher>
                     <date type="pPublished" when="1852-06-27"/>
                     <biblScope unit="issue">48</biblScope>
                     <!--escoger una de las dos soluciones siguientes-->
                     <biblScope unit="page" from="3" to="4"/>
                     <biblScope unit="page">0</biblScope>
                  </imprint>
               </monogr>
            </biblStruct>
           
           
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         <tei_head type="main">LA MISION DE LA MUJER</tei_head>

        
      </front>
      <tei_body>
         <pb n="1" facs="PRENSAFEM_LM185206271.jpg" id="e-1"/>
         <!--el nombre del archivo debe seguir el formato siguiente:
            PRENSAFEM_
            siglas del título
            fecha y página inicial.
            posición del artículo en la página: 1 (primero), 2 (segundo), 3 (tercero), etc.
            Por ejemplo, para un artículo de la página 3 de la revista Mujer, fecha 1 de marzo de 1931, tendremos el nombre de archivo siguiente:
            PRENSAFEM_M1939010331.jpg-->
        
         <cb n="1" id="e-2"/> <!--si hay columnas-->
         <p id="p-1">
            <lb n="1" id="e-3"/>Cuando el viajero recorre los campos cubiertos
            <lb n="2" id="e-4"/>de verdura, adivina la existencia de la tímida flor
            <lb n="3" id="e-5"/>que esconde su corola entre la grama por el perfu-
            <lb n="4" id="e-6"/>me de que está impregnado el ambiente: cuando el
            <lb n="5" id="e-7"/>mísero mortal atraviesa la espinosa senda de la vida,
            <lb n="6" id="e-8"/>presiente la existencia de la mujer virtuosa por el
            <lb n="7" id="e-9"/>sello de gloria y felicidad que imprime en cuantos
            <lb n="8" id="e-10"/>la rodean. Si Dios ha dado al hombre la fuerza y el
            <lb n="9" id="e-11"/>saber, á la mujer le ha concedido en cambio esa va-
            <lb n="10" id="e-12"/>rita de mágicas vírtudes que trueca los males en
            <lb n="11" id="e-13"/>bienes, que sabe convertir en flores las espinas que
            <cb n="2" id="e-14"/>
            <lb n="1" id="e-15"/>las fatales pasiones del hombre hacen brotar en el
            <lb n="2" id="e-16"/>camino de la vida.</p>
         <p id="p-2">
            <lb n="3" id="e-17"/> No necesita mostrarse, no necesita hacer vana
            <lb n="4" id="e-18"/>ostentacion de su talento y virtudes para que se sien-
            <lb n="5" id="e-19"/>ta su benéfico influjo, para que se la bendiga y se
            <lb n="6" id="e-20"/>la admire. Cuanto mas encubre sus perfecciones con
            <lb n="7" id="e-21"/>el modesto velo del misterio, mas grande es su atrac-
            <lb n="8" id="e-22"/>tivo, mas dulce é irresistible su hechizo. ¡Cuán san-
            <lb n="9" id="e-23"/>ta es la mision de la mujer, mision desprovista de
            <lb n="10" id="e-24"/>gloria, es verdad, pero fecunda en dulces y castas
            <lb n="11" id="e-25"/>emociones! ¡Cuán bello, cuán fácil es cumplir unos
            <lb n="12" id="e-26"/>deberes cifrados solo en hacer bien á sus semejan-
            <lb n="13" id="e-27"/>tes, en esparcir por do quiera el consuelo y la ale-
            <lb n="14" id="e-28"/>gría! Es tan grato ser útiles y necesarios á los seres
            <lb n="15" id="e-29"/>queridos de nuestro corazon! Es tan dulce labrar su
            <lb n="16" id="e-30"/>felicidad y minorar sus sufrimientos! Los que han
            <lb n="17" id="e-31"/>dicho que el destino de la mujer era pobre y mezqui-
            <lb n="18" id="e-32"/>no á causa de su dependencia, no comprendian sin
            <lb n="19" id="e-33"/>duda la sublime grandeza de sus deberes, ó tal vez
            <lb n="20" id="e-34"/>su alma seca y egoista no sabia colocar la felicidad
            <lb n="21" id="e-35"/>mas que en el esplendor y el mando. Nosotras, que
            <lb n="22" id="e-36"/>la ciframos tan solo en los goces del alma, bendeci-
            <lb n="23" id="e-37"/>mos la religion, que ha trocado la esclava en com-
            <lb n="24" id="e-38"/>pañera y que ha divinizado á la mujer virtuosa. Li-
            <lb n="25" id="e-39"/>mitamos nuestra ardiente ambicion á hacer la felici-
            <lb n="26" id="e-40"/>dad del hombre, y nuestro orgullo á inspirarle las
            <lb n="27" id="e-41"/>virtudes que le engrandezcan á nuestros ojos é in-
            <lb n="28" id="e-42"/>mortalicen su gloria. Si la mujer misma hubiese
            <lb n="29" id="e-43"/>podido escoger su mision sobre la tierra, no la hu-
            <lb n="30" id="e-44"/>biera elegido mas dulce, mas santa, mas hermosa
            <lb n="31" id="e-45"/>que la que Dios le ha impuesto: porque Dios es el
            <lb n="32" id="e-46"/>que con su divino ejemplo ha señalado á cada sexo
            <lb n="33" id="e-47"/>sus deberes. Jesucristo se ofrece en holocausto para
            <lb n="34" id="e-48"/>salvar al mundo, y convierte con la elocuencia de
            <lb n="35" id="e-49"/>sus palabras, subyuga con la santidad de sus obras.
            <lb n="36" id="e-50"/>La afligida Vírgen ruega tan solo y llora; pero sus
            <lb n="37" id="e-51"/>lágrimas y sus querellas devuelven tantas almas al
            <lb n="38" id="e-52"/>cielo como la preciosa sangre de su hijo. Si no son
            <lb n="39" id="e-53"/>iguales los medios que emplean para lavar el pecado
            <lb n="40" id="e-54"/>original, son iguales los resultados que consiguen. </p>
         <p id="p-3">
            <lb n="41" id="e-55"/>¡Qué espectáculo tan digno ofrece una mujer en-
            <lb n="42" id="e-56"/>tregada á sus domésticos quehaceres, y ocupada es-
            <lb n="43" id="e-57"/>clusivamente en hacer felíces á cuantos el destino ha
            <lb n="44" id="e-58"/>colocado á su lado! Ha sido el apoyo y consuelo de
            <lb n="45" id="e-59"/>sus ancianos padres; es la tierna compañera del
            <lb n="46" id="e-60"/>que la ha elegido entre las demás para que labrase
            <lb n="47" id="e-61"/>su ventura, la madre amorosa de esos niños que
            <lb n="48" id="e-62"/>imitarán sus virtudes, y el consuelo de los infelices
            <lb n="49" id="e-63"/>que bendicen llenos de gratitud su nombre. ¿Existe
            <lb n="50" id="e-64"/>acaso alguna gloria, por brillante que sea, compa-
            <pb n="2" facs="PRENSAFEM_LM185206272.jpg" id="e-65"/>
            <cb n="3" id="e-66"/>
            <lb n="1" id="e-67"/>rable á la que reporta una dulce madre de familia,
            <lb n="2" id="e-68"/>amante de sus deberes y pronta siempre á sacrificar-
            <lb n="3" id="e-69"/>se por el bien de los demás? ¿No es esta por ventura
            <lb n="4" id="e-70"/>tan acreedora como su profundo compañero al enco-
            <lb n="5" id="e-71"/>mio universal? ¿Qué importa que la fama no inmor-
            <lb n="6" id="e-72"/>talice su nombre? que su paso trémulo desfallezca
            <lb n="7" id="e-73"/>antes de llegar al templo de la gloria? Otro es el
            <lb n="8" id="e-74"/>premio que espera por sus constantes desvelos. Des-
            <lb n="9" id="e-75"/>de su oscuridad trabaja incesantemente por engran-
            <lb n="10" id="e-76"/>decer á sus hijos y esposo, y conducirlos por la
            <lb n="11" id="e-77"/>senda de la virtud al templo de la eterna sabiduría.
            <lb n="12" id="e-78"/>Cuando vemos un voraz incendio nunca nos acor-
            <lb n="13" id="e-79"/>damos de la primera chispa que le ha hecho estallar;
            <lb n="14" id="e-80"/>y no obstante sin aquella chispa no se hubiera en-
            <lb n="15" id="e-81"/>cendido la gigantesca hoguera que amenaza á las
            <lb n="16" id="e-82"/>nubes. El hombre ejecuta; pero la mujer da el im-
            <lb n="17" id="e-83"/>pulso. Ella es el inteligente agricultor que prepara
            <lb n="18" id="e-84"/>el terreno y esparce las semillas que á su tiempo
            <lb n="19" id="e-85"/>deben producir los mas ópimos frutos. </p>
         <p id="p-4">
            <lb n="20" id="e-86"/>Es verdad que el viajero al contemplar la belle-
            <lb n="21" id="e-87"/>za de los árboles, al aspirar el perfume de las flores,
            <lb n="22" id="e-88"/>quizás no dirigirá una sola mirada al que los ha cul-
            <lb n="23" id="e-89"/>tivado con el sudor de su frente; mas ¿qué le impor-
            <lb n="24" id="e-90"/>ta á este su olvido, si en su ardiente abnegacion está
            <lb n="25" id="e-91"/>satisfecho con la idea de haber esparcido por do quie-
            <lb n="26" id="e-92"/>ra la riqueza y la prosperidad? El hombre ejerce su
            <lb n="27" id="e-93"/>omnímodo poder sobre el mundo físico. Como rey
            <lb n="28" id="e-94"/>de la creacion obra, inventa y subyuga; pero dema-
            <lb n="29" id="e-95"/>siado embebido en sus colosales empresas, deja á la
            <lb n="30" id="e-96"/>mujer, tal vez por inercia, tal vez por incapacidad,
            <lb n="31" id="e-97"/>que empuñe el cetro del mundo moral. Ella ha ci-
            <lb n="32" id="e-98"/>mentado tan bien su trono sobre la dulzura, las sú-
            <lb n="33" id="e-99"/>plicas y las lágrimas, que el hombre engañado con
            <lb n="34" id="e-100"/>la idea de su ficticia superioridad no piensa en dis-
            <lb n="35" id="e-101"/>putarle su poder, poder frágil y débil en apariencia;
            <lb n="36" id="e-102"/>grande, poderoso, infinito en realidad. La mujer es
            <lb n="37" id="e-103"/>la que imprime las primeras é indélebles máximas de
            <lb n="38" id="e-104"/>virtud en el tierno pecho de sus hijos y forma casi
            <lb n="39" id="e-105"/>esclusivamente su educacion moral. Profunda cono-
            <lb n="40" id="e-106"/>cedora de los misterios del corazon, les enseña á
            <lb n="41" id="e-107"/>creer y amar desde su tierna infancia, y sus faltas ó
            <lb n="42" id="e-108"/>virtudes posteriores traen siempre su orígen de estas
            <lb n="43" id="e-109"/>primeras impresiones. He aquí por qué la instruccion
            <lb n="44" id="e-110"/>de la mujer debe ser tan sólida como su poder moral
            <lb n="45" id="e-111"/>es absoluto. </p>
         <p id="p-5">
            <lb n="46" id="e-112"/>Ay! dejemos en buenhora á los hombres que em-
            <lb n="47" id="e-113"/>puñen la espada y rieguen el suelo con la sangre de
            <lb n="48" id="e-114"/>sus hermanos. Dejémoslos que huellen á sus seme-
            <lb n="49" id="e-115"/>jantes para basar sobre sus cabezas el pedestal de su
            <lb n="50" id="e-116"/>gloria; que encanezcan formando bárbaras leyes que
            <cb n="4" id="e-117"/>
            <lb n="1" id="e-118"/>oprimen al desvalido, ó torturen su imaginacion para
            <lb n="2" id="e-119"/>resolver esos áridos problemas que deben inmortali-
            <lb n="3" id="e-120"/>zar su nombre; y reservémonos nosotras el dulce po-
            <lb n="4" id="e-121"/>der de curar sus heridas, de enjugar sus lágrimas y
            <lb n="5" id="e-122"/>aplacar su cólera con nuestros ardientes ruegos. ¿Qué
            <lb n="6" id="e-123"/>nos importa el laurel que corona la frente de los
            <lb n="7" id="e-124"/>grandes hombres? Una corona de flores sienta mejor
            <lb n="8" id="e-125"/>á nuestra frágil belleza y nos hace mas seductoras.
            <lb n="9" id="e-126"/>Lejos de nosotras para siempre el ardiente deseo de
            <lb n="10" id="e-127"/>la gloria y de la inmortalidad. Estudiemos para em-
            <lb n="11" id="e-128"/>bellecernos á los ojos de nuestros meditabundos com-
            <lb n="12" id="e-129"/>pañeros y para distraer con nuestras trovas sus pesa-
            <lb n="13" id="e-130"/>res. Elevemos nuestra imaginacion á la altura de la
            <lb n="14" id="e-131"/>suya; pero no pretendamos ser sus iguales en saber,
            <lb n="15" id="e-132"/>porque entonces destruiremos la perfecta armonía de
            <lb n="16" id="e-133"/>la creacion. Convertidas en sus antagonistas, lejos de
            <lb n="17" id="e-134"/>servirles de dulce consuelo, nuestro trato les seria
            <lb n="18" id="e-135"/>pesado é insoportable. </p>
         <p id="p-6">
            <lb n="19" id="e-136"/>Concluiremos pues estas reflexiones diciendo:
            <lb n="20" id="e-137"/>que la mujer que comprenda bien la sublime gran-
            <lb n="21" id="e-138"/>deza de sus deberes, lejos de deplorar su suerte de-
            <lb n="22" id="e-139"/>be cumplir con orgullo su mision, que es la mas
            <lb n="23" id="e-140"/>bella, santa y noble de las misiones, y que en cuanto
            <lb n="24" id="e-141"/>á su talento, debe considerarlo como una de esas
            <lb n="25" id="e-142"/>flores delicadas que conservamos perpetuamente en
            <lb n="26" id="e-143"/>nuestros invernaderos para que los rayos del sol no
            <lb n="27" id="e-144"/>la marchiten y los besos del aura no la desfloren. </p>
        
      </tei_body>
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         <lb id="e-145"/><signed>Angela Grassi.
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   </text>
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